martes, 25 de marzo de 2014

Las partículas elementales de Monseiur Periné.

Nacen en Bogotá sin imaginarse que disfrutar de la música los llevaría a recorrer diversos países, acompañados de un ritmo que los convierte en únicos en su estilo. El éxito los tomó sorpresivamente; de tocar en pequeños bares y ensayar en la sala de la casa, primero ganan un concurso de la Alianza Francesa, y luego participan del destacado festival Estereo Picnic; generando el primer momento en el que perciben que lo que hacen empieza a tomar más fuerza. 


El formato que manejan lo protagoniza el estilo y la fusión de diversos elementos; desde la mezcla del francés y el español, un vestuario particular y mucho "suin" colombiano. Todo surgió espontáneamente, sin planear y sin calcular y con el tiempo han ido generando un lenguaje que va directo al corazón y al periné. Una mezcla diferente, donde se rescatan las raíces folclóricas y el pop con elementos de jazz y swing. MP es un exponente de un ritmo fresco y diferente. 

"Uno nunca se da cuenta en qué momento está de la carrera, es gradual, nos íbamos dando cuenta con el pasar de los días que todo se tornaba grande, ha sido un proceso muy bonito que hemos vivido, recibimos cosas muy bonitas, dibujos, regalos." Dice Camilo Parra, compositor y encargado de los vientos en la agrupación. 


"La gente que hace música de la manera en la que hacemos nosotros, vive de una manera muy sencilla, hemos podido desarrollar un lenguaje musical y estético propio, manteniéndonos de manera independiente, sacrificando intereses individuales, invirtiendo lo que nos llega en nuestro proyecto. Vivir de la música no es fácil, no tenemos una seguridad de lo que va a pasar. La satisfacción de estar en un escenario es irreemplazable. Cuando las cosas se dan es porque uno realmente está enfocado en lo que uno quiere hacer." Cuenta Catalina con ese acento caleño encantador.  


La primera canción que hicieron fue Ton Silence "Antes de que yo supiera tocar clarinete, iba bajando por la universidad una noche y por suerte tenía un celular que grababa y se me ocurrió el papiaraparará, meses después cuando ya sabía tocar el clarinete lo toqué y me gustó mucho como salió,  llamé a Cata y le conté, mira tengo esto." Narra Camilo, y Catalina continúa: "Yo me acuerdo que me llamó y estábamos después ensayando, nosotros hacíamos versiones, y veníamos escuchando lo que pasaba con el swing con bandas como Paris Combo y Caravan Palace, me acuerdo que yo salí de ese ensayo pensando en el coro, y tratando de traer algo de swing, y pensé vamos a escribir algo en francés para aproximarnos a lo que escuchábamos." Se miran entre ellos, sonrientes y los ojos les brillan recordando los inicios de su grupo. En la atmósfera se percibe la complicidad y la cercanía al armar el rompecabezas de lo que fue el principio de este gran camino. Catalina confiesa que siempre quiso tener una banda, alguna vez tuvo una banda de mujeres y viene de una familia de músicos, pero nunca pensó que se dirigía hacia la música; mientras Camilo recuerda que a los 17 tenía una novia que se compró una flauta que le prestaba y una noche llegó un amigo que lo hizo escuchar un disco de Jethro Tull - era un disco que estaba en la casa, era de mi papá y me fluyó tanto que yo iba a estudiar ingeniería y ahí decidí estudiar flauta traversa-. "Para mi la flauta siempre fue como un instrumento de música clásica, el viento para mí es la pasión, la pasión de la música, los flautistas y todo ese mundo que fui descubriendo, la respiración, la fuerza, siempre la asocié con la delicadeza, empecé a ver que era tan power, y por ahí empecé a descubrir otros instrumentos." 

Nicolás empezó a estudiar guitarra desde pequeño, más que por pasión estimulado por su familia. De la academia recuerda que en ciertos momentos se aburría, no sabía si quería estar allí, años más tarde descubre el rock y el virtuosismo de los músicos de jazz con los que surge un pensamiento profundo sobre los diferentes sonidos que podía crear con su guitarra: "¿Yo puedo hacer que mi guitarra suene así?" se preguntó. Y así fue como del deber ser músico empezó a sentir pasión por lo que le habían inculcado desde su infancia.  Se cambia de academia  y allí es donde conoce a Santiago con quien se forma la amistad que los llevaría a ser parte indispensable de Monseiur Periné. 

Los Periné han creado un lazo de hermandad, van creciendo juntos, transformando las diversas experiencias en tesoros a través del gran viaje que inició hace 7 años. Construyendo una relación en la que aprenden a diario; conocerse y entender que salir adelante es una tarea constante y manteniendo la esencia aunque ya no pueda ser tan espontánea como lo era en sus inicios, ahora lo importante es mantener en foco el proyecto lo cual es un proceso maravilloso, de humildad, agradecimiento y entendimiento, aseguran en colectivo. 

Hecho a mano es un disco que sale al mercado en el 2012, con 10 temas propios, compuestos en su mayoría por Catalina García, Santiago Prieto y Camilo Parra. Un disco lúdico, colorido, dulce, en el que tienen dos covers además de sus 10 temas; la versión de Sabor a mí conquista el corazón más árido y canciones como Suin Romanticón, La Tienda de Sombreros y La Muerte nos permiten disfrutar de un sonido latinoamericano precioso y único.


El próximo disco se encuentra en preproducción, vendrá con un proceso creativo diferente, desde una perspectiva distinta, después de Hecho a Mano no han parado de viajar, van transitando la etapa necesaria y prefieren alargar la publicación del segundo disco, el sonido que viene en el material nuevo es un reflejo de vivir como nómadas donde compone también Nicolás; la banda creció y ahora hay músicos que han aportado grandes valores y de todos los encuentros hacen que podamos creer que surgirá un sonido que trae nuevas bases, matices diferentes que van a mostrar otra faceta de Monseiur Periné. 

El miércoles 26 arrancan la gira por suramérica, el primer lugar donde se presentan es en Buenos Aires, en Niceto, continuando en Chile y terminando en Perú. 





Agradecimientos: Canal FOX, Diego Perri & Giancarlo León. 

lunes, 24 de marzo de 2014

Crónica de una novata corredora.


Para vos atleta
para vos que sabés del frío, de calor,
de triunfos y derrotas
para vos que tenés el cuerpo sano
el alma ancha y el corazón grande.
Para vos que tenés muchos amigos
muchos anhelos
la alegría adulta y la sonrisa de los niños.
Para vos que no sabés de hielos ni de soles
de lluvia ni rencores.
Para vos, atleta
que recorriste pueblos y ciudades
uniendo Estados con tu andar
Para vos, atleta
que desprecias la guerra y ansías la paz.
                                  Miguel Sánchez. 


Ayer fue mi primera carrera. 

Mientras avanzaba en el asfalto, me preguntaba ¿qué me había llevado allí?. ¿Cómo había hecho para elegir un domingo de fin de semana feriado, estar a las 7:30 de la mañana en un lugar, donde prácticamente no conozco a nadie, dispuesta a correr más que jamás en mi vida?. ¿En qué momento cambié la noche de sábado de fiesta, la salida de fin de semana lejos de la ciudad, el quedarme durmiendo hasta tarde?. Y entendí que estaba eligiendo diferente.


Hace como 8 meses le pregunté a Laura, una compañera del mundo de las bicis, cómo era correr y dónde corría. Ella me comentó que hay grupos gratuitos en Buenos Aires que te enseñan a correr. Me dio los datos pero nunca me animé. No era mi momento, supongo. 

De joven en el colegio, cuando tenía clases de educación física, una de mis actividades favoritas era correr, con el tiempo eso pasó a segundo lugar y la vida fue dejando de lado el hábito de ese ejercicio. 

Hace dos meses, cuando arrancó mi nueva etapa emocional de Amar-me necesité implementar nuevas rutinas y actividades en mi vida. La ansiedad ha sido la gasolina que impulsa nuevos retos, afortunadamente, me dio por crear hábitos saludables. 

El primer día que asistí al Buenos Aires Corre (BAC) fue un martes de febrero, llegué con mi bicicleta y una remera/camiseta de los ramones. Aún era verano, habían aproximadamente 20 personas y los dos entrenadores: Bernardo y Eduardo, quienes te explican y te ayudan a llevar un ritmo en el que el bienestar es lo principal. Ese día corrí con mucha energía, estaba triste, furiosa, y sentía muchísimas ganas de llorar, en vez de eso corrí. En cada paso estaba la esperanza de desgastar el sentimiento de tristeza, llegar a casa agotada para no pensar, para poder dormir. - Ramones, tranquila - me dijo Bernardo. 


Durante el mes de febrero iba una vez por semana, al final del mes ya estaba asistiendo martes y jueves. No pensé que estaría lista para una carrera tan pronto, sin embargo los profesores y los compañeros te motivan a creer y así fue como una semana antes me decidí a participar en La Carrera de Miguel. 

La Carrera de Miguel se realiza en homenaje a Miguel Sánchez, un atleta desaparecido durante la última dictadura militar en Argentina. No se trata de una competencia atlética, sino de una forma de manifestarse a favor de la memoria haciendo deporte. 


Miguel Venancio Sánchez "Tucu" nació el 6 de noviembre de 1952 en Tucumán y fue secuestrado en su casa de Berazategui el 8 de enero de 1978 por un comando de la dictadura militar; continúa desaparecido hasta el día de hoy. 

Tenía 25 años y era corredor de fondo, maratonista. La pasión del atletismo la compartía con la literatura. Tal es así, que escribió la reconocida poesía “Para vos, atleta”.


El atletismo es una metáfora de la vida: 

  • Necesitas de una constante voluntad para superarte. 
  • Cuando corres vas solo, contigo mismo. 
  • Hay que entrenar sin sobre-exigirse, entender tus tiempos y tu ritmo. 
  • Entender tu respiración es un elemento fundamental. 
  • Enfocarse en uno mismo y no competir con nadie más te ayudará a llegar a tu propia meta.
  • Tu meta es única y personal, solo tú sabes qué quieres lograr y cuánto te has superado. 

Tenía bastante ansiedad la noche anterior, sentía retumbar el 8K en mi cabeza y pensaba: -wow, ¿cómo voy a aguantar?-. A mí que se me hace difícil despertarme temprano, esa mañana de domingo no me costó, me vestí, amarré mis zapatillas de tal manera que no se desataran, tomé mis auriculares, me hice un licuado de banana y partí al punto de encuentro. 

La asistencia fue masiva. Yo no entendía mucho, busqué mi remera, ni número fue el 1434, tenía nervios porque no sabía cómo es, no entendía y me sentía un tanto perdida, me preguntaba qué pasaba si tenía ganas de hacer pis durante los 8km y un sinfín de preguntas que surgen en tu cabeza, afortunadamente los profesores te guían y te ayudan, más que eso, te acompañan a descubrir tu propio espíritu. 

Caminé buscando un lugar libre para ubicarme en el punto de partida y vi un mar de gente delante de mí, que seguramente también estaban llenos de emociones. En ese momento sentí una mano en mi hombro, Brian un compañero del grupo, un señor mayor y lleno de vitalidad me dijo: -Ánimo, tranquila, corré con vos, confía.- Me dio un abrazo y lo vi pasar hacia adelante mientras se persignaba. El reloj marcó 00:00:00 y el mar de personas avanzó. 

Yo me tardé un poco en empezar y además tuve que parar para ir al baño, aún cuando no había tomado ni agua. Luego de eso arranqué con un trote suave, veía mucha gente adelante, y pensé que me quedaría de última. Sin embargo poco a poco avanzaba. mientras escuchaba Coldplay, el cielo estaba iluminado, el sol era suave, el clima perfecto, no hacía frío ni calor. Al tercer kilómetro bajé el trote y caminé un rato mientras cambiaba la música para poner algo más agitado como Miss Bolivia, y emprendí a correr con más fuerza. 

Julieta, otra compañera me dijo: - te vi corriendo rápido con tus trenzas saltando-. Debió ser en ese momento. Un puente gigante y altísimo (ahora que lo veo en las fotos no sé si es tan gigante y alto)  se abría ante mis ojos y el mar de personas avanzaba, una imagen que me quedará para siempre en la memoria. Veía las banderas que marcaban que un nuevo kilómetro había pasado y me alegraba profundamente. 


Hice 8 kilómetros en 52 minutos. Llegué a casa agotada y dormí toda la tarde, no les puedo contar todo lo que comí. Hoy me duele un poco el cuerpo, pero pensé que iba a estar peor, la verdad es que el entrenamiento es necesario y no sobrepasar tus límites y tener orientación resulta muy positivo. 

Creo que jamás sabrás que estás listo para algo, hasta el momento en que el punto de partida te indique que debes arrancar y te quedan dos alternativas: Te detienes o avanzas como puedas y tratas de dar lo mejor de ti en el camino.





miércoles, 19 de febrero de 2014

Tío Simón


Hoy quiero rendir homenaje a un hombre maravilloso. Ejemplo del buen venezolano, de esos hombres que se construyen con humildad, desde abajo, creciendo a punta de talento y esfuerzo, aquellos que con una sonrisa y una tonada propia nos activa el corazón y nos invita a ser mejores personas, a llevar alma, corazón, amor y buen humor por donde van. 



Regresaba de análisis en el colectivo 188, por la calle Pueyrredón de Buenos Aires camino hacia San Juan y Jujuy. Venía pensando en que ahora, son demasiadas las razones para que la tristeza me invada, personales, colectivas, mundiales y entonces recibí una noticia: Bettsimar Díaz decía -Con lágrimas le anuncio al país que mi amado padre, partió esta mañana, en paz.- 

Rompí en llanto, sin poder decirle a la persona que llevaba al lado en el autobús coño!  se murió el Tío Simón.  Estar lejos no es estar ausente. Le escribí a mi amiga Gabriela quien me dijo: - te agarró sola en un lugar donde nadie puede comprender tu dolor. -  

Simón Díaz, más conocido como el tío Simón, es un icono de la música llanera; su universo compuesto de joropos, tonadas y pasajes venezolanos, logró crear un mundo en el que sólo su voz y el cuatro (esa maravilla de instrumento musical) lograban atmósferas en las que  la melancolía, la risa (caracha) y una voz única te erizan la piel y revuelven tus entrañas de sensibilidad.



Los venezolanos de mi generación crecieron viéndolo en la televisión en los años 80. Mientras tanto en Colombia había una telenovela llamada Caballo Viejo, y me aprendí esa canción porque desde el primer capítulo me llegó al alma. 

A veces pienso que el corazón de uno intuye con más fuerza de lo que parece, las sensaciones  a las que va a pertenecer en un futuro. 

"Cuando el amor llega así de esa manera... uno no se da ni cuenta", cantaba yo a todo pulmón revoloteando por aquel apartamento de una calle del sur en Bogotá, con apenas siete años. 

A los 19, llegó a mí, Tonada de Luna Llena; estaba en casa de Jeremías el hijo de María Rivas (cantautora venezolana) y un domingo cualquiera, en la mañana, sonó esa canción; ahí cerquita del Ávila, esa montaña preciosa que bordea la capital venezolana. Me enamoré, me enamoré desquiciadamente de esa canción, y entonces empecé a descubrir en CD´s que compraba en la Central todo el universo simonesco.  En el corazón se me instaló el cuatro venezolano y la voz del tío Simón. 

Era el año 2004 y yo trabajaba como asistente de producción en Cinesa, preparábamos un especial por los 10 años de aniversario y la labor consistía en entrevistar diversas figuras que hablaran sobre Valentina Quintero (conductora del programa) y sobre Bitácora (se emitía todos los sábados en la mañana a través del ya clausurado canal RCTV). 

Hacer las entrevistas de esa edición, es uno de los mejores regalos que me ha dado la vida. Fueron múltiples los personajes que entrevisté y uno tras otro, no podía parar de deslumbrarme ante el talento y la humildad de músicos, deportistas y artistas que desfilaron durante ese mes de producción. 

Sin embargo: el día más hermoso, fue el día que tuve la oportunidad de conocer al Tío Simón, recuerdo que me llevé una boina que era de mi abuelo, - por ingenua, por camaradería, por complicidad, porque no era fácil pararse frente a aquel hombre - y preguntarle cosas que no le parecieran tonterías o cometer alguna barrabasada propia de mis 23. 


Llegamos al estudio en La Castellana y lo grabamos cantando, sí, ahí frente a mí, no habían más de diez personas y yo lo escuchaba cantar "La vaca mariposa tuvo un terneroooo", después se sentó y conversamos un rato antes de prender la cámara, era obvio que yo estaba más nerviosa que él, me dijo:  -Chica, que boina más linda- y le conté que era de mi abuelo y me miró profundamente y yo sentí que me ayudó a conectarme y relajarme, su mirada dulce, su sonrisa serena y sus años marcando pausa en su pensamiento y sus acciones me hicieron entender que era una bendición tenerlo frente a mí, aún lúcido y en pie. 

Y así sucedió la entrevista, mágica, dulce, inolvidable para mí. Tengo una foto guardada de los dos riéndonos con las boinas puestas. Después su hija me llamó y me pidió que lo llevaramos, yo feliz de pasar más tiempo junto a él. Nos subimos al automóvil de producción y nos fuimos todo el camino hablando "pasguatadas" y yo no pude evitarlo y me cantó, ahí, cerquitiquita, frente a mí, un pedacito de tonada de luna llena y yo - que soy muy poco tímida- lo abracé fuertemente al despedirlo, un par de palmadas en el hombro de parte de él y esa sonrisa inigualable. Lo dejé en un restaurante en Los Dos Caminos. Lo ví, subir las escaleras, tan humano, tan un abuelo, tan lejos de ser inalcanzable... lo observé abrir la puerta del lugar, como pudo, volteó e hizo un ademán cordial y caballeroso con su mano. 

Muchísimas veces he rememorado ese momento, porque el corazón se me infla de alegría y de sentirme afortunada. 

Cuando regresé a Colombia y la nostalgia me acalambraba el corazón, escuchaba la segunda tonada que compuso en su vida, una canción que siempre me hace sentir en casa. Tonada de luna llena se convirtió en un lugar común en mis canciones, podría decir que casi todos los días en algún momento del día, una estrofa de esa maravillosa pieza viene a mi cabeza. 



Un hombre que, al morir su padre, asumió su papel de hermano mayor, vendía cachapas, periódicos, hallacas, arepas, lo que su mamá cocinaba, para levantar a sus hermanos. A los 14 años trabajaba en una bodega de repartidor y a los 15 años era el peón de un camión que llevaba los atriles, los micrófonos y las parlantes/cornetas para los bailes. 

¿Qué hacía ese muchachito trabajando ahí? Ya estaba persiguiendo la música, se sabía el repertorio de todas las guarachas, pasodobles y boleros de la orquesta, un día se enferma el cantante y le preguntan al en aquel entonces llamado "Chato" si se sabía las canciones, y así , se subió al escenario, donde los nervios se hicieron de él y se le olvidó la letra, ¿qué hizo? improvisar y aplicar el humor. 

Tiempo después se muda a Caracas, empieza a trabajar en un banco y al poco tiempo inicia sus estudios de música que tuvo que dejar porque el horario no le permitía combinar el empleo y la música, y como en muchos casos, hay que llenar el estómago antes que el espíritu, sin embargo, no se rindió. 

Gracias Tío Simón, por tu alegría, tu humildad y tu legado. Un hombre que tuvo como bandera, la música, la copla, la risa, la alegría, la fe, la perseverancia, el buen ejemplo, la honestidad, la coherencia, la dulzura, y la paz. 

Me quedo con esta frase con la que termina la primera canción que me aprendí de ti...

"Por que después de esta vida no hay otra oportunidad". 










domingo, 16 de febrero de 2014

Amar-me.




Hace unos meses entré en una relación con una persona que desde el principio estableció que no estaba abierto a generar un compromiso. Al principio me sentía cómoda con la situación y no me generaba ruido, los encuentros empezaron a ser más seguidos y constantes.

La relación, desde mi punto de vista, estaba creciendo y cada día me entregaba más. Me fui ilusionando, y empecé a sentir lo que yo creía llamar “amor”.  Aunque él seguía diciéndome que no quería una relación de noviazgo, yo buscaba señales positivas en cualquier mínimo gesto. Fui aferrándome y el hecho de que esa persona se quedara a dormir en casa varias noches seguidas, que me empezara a presentar a sus amigos y que me abrazara dulcemente me hacía sentir que estábamos cada vez más cerca.



Dicen que el amor es ciego, y definitivamente, en este caso lo fue. Yo hacía caso omiso ante sus desplantes, su falta de detalles y la comodidad que le procuraba mi incondicionalidad ante él.
Siempre estaba dispuesta para él, asumiendo sus actos negativos como cosas que “podría cambiar”. Muchas veces me repetí a mí misma que el amor es tolerar, entender, comprender, aprender, y basada en eso, tergiversaba el significado de esas palabras.

Hice listas en las que escribía lo positivo y lo negativo de la relación y siempre inventaba motivos para seguir creyendo. Tuvimos una temporada de “luna de miel” donde todo parecía funcionar a la perfección, yo hacía oídos sordos a los evidentes síntomas de su falta de compromiso, no sólo conmigo, sino con la vida y sus propios proyectos. Seguía pensando que todo podía cambiar.

A veces el precio que pagamos por no estar solos resulta muy alto.



La sociedad nos ha inculcado que tener una pareja nos hace más aceptables, más bendecidos, más adecuados. Ser solteras después de los 30 muchas veces viene acompañado de preguntas y comentarios por familiares y hasta desconocidos como: -  ¿Y por qué estás sola si eres una mujer bonita e inteligente?- - ¿No piensas tener hijos? El reloj biológico no se detiene- - ¿Qué es lo que haces mal para no tener un hombre a tu lado?- Y así, continuamente nos vemos expuestos a una serie de prejuicios que muchas veces solo nos hacen consolidar que algo mal sucede con nosotros/nosotras; que no somos lo suficientemente buenos para estar con alguien, que tal vez estaremos solos toda la vida y así, millones de pensamientos que solo incrementan nuestra baja autoestima.

Luego de una serie de situaciones, terriblemente dolorosas, en las que el maltrato era un lugar común, empecé a pensar por qué estaba en esa situación y a concientizar que no era la primera vez que me encontraba en una relación tóxica, donde la infelicidad era el condimento de todos los días.  Angustia, celos, miedo, temor, inseguridad, pérdida de la dignidad, llamadas, mensajes, palabras que solo ahuyentaban el equilibrio y la tranquilidad eran los ingredientes de mis últimas relaciones.

No sé en qué momento me convertí en adicta a las relaciones desastrosas y entre una lectura y otra, conversaciones, investigación y retrospección, me di cuenta que el factor común en esas relaciones era yo.

Es doloroso asumir que no sólo el otro es quien genera las situaciones negativas, sino que uno elige y se expone a ese tipo de relaciones.

El último capítulo de mi última relación fue doloroso, pasó de ser una discusión para ser un episodio en el que la agresividad se hizo presente, y entonces entendí, que definitivamente necesito un cambio.


Lo primero que asumí es que yo tengo mi vida en mis manos y soy yo quien se pone en esos lugares que nunca debí permitir. Ante el primer indicio de “malquerer” uno debe alejarse y seguir su camino. Ante frases y gestos que te indican que esa persona no te quiere, uno debe parar en seco y no permitir que avance más. Mientras más tiempo pasa es más difícil dejar de aferrarse a la idea de que esa relación puede funcionar. Sin embargo, escribirlo es fácil y teorizar sobre ello resulta bastante simple, pero llevarlo a cabo es una tarea que requiere de muchísima fuerza de voluntad, análisis y sobre todo, amor propio.

No voy a decir que en este momento me encuentro bien, no, al contrario, estoy pasando por un duelo, el duelo de una relación que no me hacía bien, pero el duelo más fuerte es el duelo conmigo misma, darme cuenta que dentro de mí habita una yo tóxica, destructiva y que a pesar de tener muchos avances en diferentes planos de mi vida, éste resulta un hábito difícil de cambiar, que mi autoestima es baja y que me da miedo estar sola,  he llorado, me he sentido terrible y he tenido muchísimas ganas de recaer en esa situación a la que estoy tan acostumbrada.

Muchas veces nos “hacemos los locos” y disimulamos, excusamos, argumentamos acciones que son muy evidentes vistos desde afuera;  cuando uno está dentro del huracán sólo se está moviendo dentro de él y no puede salir a verlo con serenidad.
Dicen que los cambios provienen de la toma de decisión, y mi decisión ahora es seguir trabajando en mi autoestima, alejarme de cualquier cosa parecida a una relación, hasta que no me sienta lista para poder emprender otro camino que no sea el de seguir buscándome a mí misma, encontrar mi amor propio, deslastrar la dependencia emocional y sobretodo alejarme del maltrato.

Muchos de nosotros aprendimos de pequeños que  el amor era ser maltratado, por diversos motivos, porque nuestros padres no tenían otras herramientas y porque nuestros vínculos de la infancia no resultaron sanos. Una de las cosas que estoy empezando a comprender es que uno ya no es ese niño sumido en un rol en el que todo lo  que sucede alrededor está fuera de nuestra comprensión, y que ahora tenemos la oportunidad de generar cambios, de buscar nuestro bienestar, de aprender que –frase trillada y muy cierta – hay que amarse a uno mismo para encontrar el amor, es una verdad a la que, afortunadamente, no debemos escapar.

Pues bien, ahora pondré foco en recuperarme de esta adicción, concentrarme en lo que me genera bienestar, apoyarme en mis afectos positivos, descubrirme en solitario y por sobre todas las cosas emprender ese camino en el que lo que realmente importa, es aprender a respetarme y a quererme.


Mirarme al espejo y repetirme cada día que soy lo más importante de mi vida, que debo generar cambios positivos y que aunque no es una vía fácil, seguramente, después de enfrentar esa batalla conmigo misma, lo único que puedo perder es la costumbre de vivir sin ser feliz.





viernes, 16 de noviembre de 2012

Yo, indocumentada.

Ser aceptados como somos. Llamarnos como queremos ser nombrados. Ejercer la libertad de ser, yo, tú, él, nosotros. Tener derecho a elegir lo que queremos y ser apoyados en dichos procesos por la sociedad. Creo que cualquiera que lea este párrafo puede sentirse identificado. 

Tamara, Desirée y Victoria, tres personas de nacionalidad venezolana persiguen un objetivo: Lograr que sus cédulas,  esos rectángulos de 57 x 83, que definen sus nombres y géneros coincidan con quienes son. 

Yo, indocumentada, más que la historia de tres mujeres transexuales, habla de la lucha que emprende un ser humano por ser aceptado como es y como se siente. El viaje de una vida en la que encontrarnos con nosotros mismos, es una premisa; y mucho más complejo, si cuando el cuerpo con el que nacimos no corresponde a lo que sentimos. 

Lejos de desarrollar las historias emocionales de estas protagonistas, y de sumergirnos en sus vidas personales (interesantes por otro lado), el documental es un abrebocas para conocer la historia que atraviesa una persona transexual. Es una invitación a la apertura, al descubrimiento de realidades a las que quizás nos acercamos poco, lejos de prejuicios, en mi caso, simplemente porque más allá de Almodóvar jamás me puse a pensar en lo complejo que puede resultar nacer en un cuerpo que no te pertenece y luchar toda la vida interna y EXTERNAMENTE, por encontrarte contigo mismo, y además emprender una lucha por ser identificado legalmente como realmente eres. 

"La sociedad nos asigna lugares y tenemos que cumplir con ellos" reza Tamara Adrián, protagonista principal, abogada y docente de la facultad de derecho de la Universidad Católica Andrés Bello. 

Desde antes de nacer, ya tenemos y somos dueños de nombres, de sueños, de significantes que nadie sabe si realmente nos identificarán. Nos asignan lugares y tenemos que cumplir con ellos. Sin embargo otros rompen las barreras, se enfrentan desde pequeños a sentirse atraídos por lo que no es "moralmente correcto" se dibujan a través de otro cuerpo, desconocen partes físicas de sí mismos,  y empiezan a luchar contra esa imagen en el espejo que no les pertenece, así van cambiando y cada cambio simboliza una lucha emocional y social, que en la mayoría de los casos termina excluyéndo y señalando a cualquiera que se salga de lo que nos han impuesto como "personas normales". 

En medio de un conflicto en el que parece más fácil pasar la vida adaptándose a tu "forma natural" que perseguir lo que realmente sientes, Tamara una abogada, Desireé una estilista, y Victoria una estudiante de artes han aprendido a ser "tolerantes con el intolerante"- menciona Tamara. 

Emprendieron la difícil cruzada de luchar por su cambio de nombre y género en sus documentos de identidad, un activismo incansable y una fé dispuesta a mover montañas son los ejes fundamentales de su incansable lucha.


Hay una diferencia abismal entre las situaciones de personas que nacieron en un cuerpo con el que no se sentían ellos/ellas, y, para mí, existe un común denominador entre  los seres humanos, y es que cada día uno se levanta tratando de encontrarse con uno mismo e intentando encajar y tolerar circunstancias, y ya es bastante complejo. Ellas además luchan a diario con múltiples prejuicios, insultos, agresiones y actos que no estremecen a la sociedad. Cuando una de ellas debe ir a un banco y sacar su cédula que no las reconoce como lo que son, el prejuicio del otro lado no es juzgado. 

El pronombre ellos, para mi no aplica. Decir ellos es señalar una ruptura con lo que somos como individuos hacia lo colectivo. Ellos somos nosotros, Yo, indocumentada, te acerca a una realidad diferente, transmitiendo de una manera sútil, lejos del amarillismo y lo escandaloso, la vida de tres transexuales en búsqueda de una identidad que represente lo que son. 

Yo, indocumentada, es la ópera prima de Andrea Baranenko, bajo la idea original y producción de Daniel Ruiz Hueck. Un documental bien estructurado, con chispas de humor como buenos venezolanos, una colorización y una música maravillosa, y una invitación a mirar distinto, una invitación a seguir siendo tolerantes con la vida, a luchar por nuestros sueños, a generar valores y sobretodo a sembrar el amor por la diversidad.

"El registro civil te ha dado,
un nombre de hombre
el registro civil te ha condenado
mujer sin nombre". FabioVomer



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